ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL PROTOCOLO I: JERARQUÍA Y PRECEDENCIAS por Pascual Rivas Carrera

david00El uso da a las palabras nuevos significados o matiza el que tienen, por a qué se aplican o quiénes las aplican. Protocolo, en el sentido que aquí interesa, dice el DRAE en una de sus acepciones, es: regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre. La definición acota el término, por tanto, para comportamientos de una parte de la sociedad (la “alta” relacionada con la diplomacia y lo palatino), que deben ser establecidos o reconocidos positivamente. Es un producto humano, inventado, creado en especial por y para una parte de la sociedad. Estarían fuera de consideración los comportamientos innatos, los peyorativos ligados a “lo diplomático” y los no racionales. No hay que ser un experto para saber que eso no se corresponde con el sentido, ni es la argumentación que tiene hoy el protocolo y lo protocolario, que se acerca más a: tratamiento del conocimiento y la ordenación de los comportamientos adecuados, desde los que tienen lugar entre pocos individuos, a los que implican a multitudes, descansando en razones éticas y estéticas, naturales, históricas, etc.

Visto así, sobre la base de la historia y evolución humana, una parte del protocolo procederá del comportamiento innato, heredado de nuestros ancestros (genes), más o menos transformado, junto al propio del grupo al que se pertenece, que se trasmite positivamente en forma de unidades de información cultural (memes). En ambos casos sujetos a cambios, mutaciones, heredables o no, y que se desarrolla según un proceso muy similar al epigenético. La consecuencia es inmediata, un estudio de “protocolo comparado” obliga a buscar sus raíces en los organismos sociales superiores, en especial los primates, pero también en cánidos (lobos), félidos (leones), herbívoros sociales, cetáceos, etc., que tienen modelos de comportamiento social muy complejos y diversos.

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Sin entrar en grandes análisis, a este nivel nace un principio que está en la base de todo el protocolo, desde el animal al humano: la jerarquía, existente en todas las sociedades naturales excepto en las más simples (insectos) que se organizan en redes relativamente simples aunque formen conjuntos de millones de individuos. Según la jerarquía, biológica (alimentación, reproducción, localización en el conjunto, etc.) y protocolaria (i.e.: reconocimiento de la categoría), cada individuo ocupa un lugar en el conjunto que puede ser heredable, y reconocida por un sistema de precedencias que acompaña a la jerarquía. En algunos animales, como las hienas, las hijas, incluso las muy jóvenes, de las hembras dominantes ocupan una posición superior a las hembras adultas secundarias. El nivel social se hereda, aunque el orden no es inmutable y puede subvertirse por o para algunos individuos, ascenso social, o para todos o la mayoría, revolución por evento catastrófico. La función del cambio social tiene valor e interés más por la posibilidad que por el hecho y evita la desesperación de la predestinación inmutable, a la vez que apoya la colaboración y la generosidad dentro del grupo como mecanismo de un posible avance social.

En las sociedades humanas (desde las naturales como la familia a las más extensas) esto se puede aplicar al individuo, a la función, o a una mezcla de ambos, y con diversa intensidad, según se esté en un sistema absolutista o democrático, feudal o parlamentario, con todos los pasos intermedios. En una organización de castas o clases sociales cerradas la jerarquía se hereda genéticamente y se es en función de las relaciones de parentesco. En un sistema abierto las jerarquías son una propiedad de la sociedad que se hereda en forma de meme, esto es, de saber cultural, que se inserta en el individuo a través del aprendizaje. A los puestos de la jerarquía, cargos, se accede por el valor personal o social, por la fuerza, la inteligencia o la capacidad de empatía (generosidad social).

Se han estudiado las bases genéticas de estos comportamientos sociales y se han definido o adaptado modelos como el altruismo, el gen egoísta o la teoría de juegos, que básicamente se basan en la competencia intergrupos e intragrupos. En los juegos colectivos la colaboración de los individuos de un grupo, aceptación de la jerarquía por ejemplo, es un mecanismo que mejora la capacidad de competir con otros grupos, y por ello se somete el individuo al colectivo. Si esos individuos están emparentados la colaboración mejorará el éxito de un acervo genético, de forma que se puede considerar que el altruismo (colaboración) es consecuencia del egoísmo del gen que mejora su perpetuación.

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Aparecen así figuras típicas de sociedades animales y humanas, jerarquizadas: la abuela, la tía soltera, la matriarca, el patriarca, el macho dominante, la hermanastra (cenicienta), etc., etc., hasta el punto que en el lenguaje común se prestan los términos de parentesco para definir categorías de relaciones sociales: tío, tía, hermano, padre, madre, primo, etc. La jerarquía es, por todo lo anterior, una propiedad básica de las organizaciones sociales, mientras que la precedencia lo es de cada una de ellas según su estructura.

Autor: Pascual Rivas Carrera. Catedrático de la Universidad de Granada. Director académico de los estudios de Organización de Eventos, Protocolo y RRII.

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